La ética de los cuidados y las culturas organizativas

Desde el colectivo Gafas para zurdos reflexionan sobre los malestares, cuidados, miedos y vulnerabilidades como herramientas políticas frente al capitalismo y el machismo cotidianos

Cuando hablo de cultura organizacional, así grosso modo, me refiero a aquellos significados, maneras de entender, vivir y ver las cosas, que comparten aquellos que están en una organización (Foto: Albert García)

MARIONA ZAMORA / 21/07/2017

Vivimos en un sistema capitalista y machista que relega los cuidados al ámbito privado y doméstico. Y desde la economía feminista ya hace tiempo que se habla de poner los cuidados y las personas en el centro de la vida social. De hacerlas visibles y compartidas.

Más allá del trabajo de cuidados más material, los cuidados son aquellas acciones cotidianas que – aparte de dejarnos a punto para el mercado laboral – hacen que la vida sea más tierna, más amorosa y, al fin y al cabo, más vivible: caricias, abrazos, masajes en la barriga, una mirada de comprensión y empatía, tomar un café para desahogarse… ¿No deberían formar parte de todos los ámbitos de la vida, incluso de los de militancia o el asociacionismo?

Los cuidados son aquellas acciones cotidianas que hacen que la vida sea más tierna, más amorosa y, al fin y al cabo, más vivible

Los cuidados, igual que los afectos, son políticos. Vengo a reflexionar sobre la necesidad de incorporar los cuidados a los ámbitos asociativos y políticos si los queremos hacer más sostenibles, y de las resistencias y dificultades que conlleva hacerlo.

Los malestares: señales de alerta

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